La ciudad estaba a una corta distancia, y mientras avanzaba por el camino polvoriento, mi mente no dejaba de dar vueltas a lo que acababa de suceder. No podía dejarla ir sola. No podía dejar que se expusiera por estos caminos, pero en el fondo sabía que había añgo más, no podía soportar verla lejos de mí. Ella había ganado la apuesta, pero había algo más, algo mucho más profundo en su mirada que me decía que lo que había comenzado entre nosotros no iba a terminar ahí.La vi llegar al pueblo, y aunque no la seguía directamente, no podía evitar verla. Estaba con paso firme, su cabeza alta, como si fuera la dueña del lugar. Y aunque se dirigía hacia la taberna, esa sensación que me invadió no era solo de rabia. Era algo mucho más doloroso. La veía tan... libre. «Maldita mujer. ¿Cómo te atreves a caminar así, sin miedo, sin tener que rendir cuentas a nadie, ni siquiera a mí?», pelle en mi mente con ella.Me acerqué al pueblo con la misma velocidad que mi mente me dictaba, pero algo dentr
Última actualización : 2026-08-03 Leer más