—Pasa… —le dije a Javier, invitándole a entrar en casa en cuanto abrí de par en par la puerta principal.El hombre que llevaba en brazos a Nicolás, que dormía plácidamente, no dijo gran cosa. Se limitó a mirar a su alrededor, observando nuestra sencilla casa —una casita que, comparada con la lujosa residencia de la familia Villarreal, era como el cielo y la tierra—.Y, sinceramente, dudaba de que aquel hombre pudiera dormir plácidamente esa noche en un lugar tan modesto.Esta casa no tiene colchones mullidos ni caros. Además, solo hay dos habitaciones en esta casa. La de Nicolás solo tiene espacio para un niño pequeño, mientras que la mía —aunque cabe gente— no es posible que la usemos para dormir juntos, ¿verdad?¡Sí, me da muchísimo miedo no poder controlarme si tenemos que estar en la misma habitación! Por no hablar del carácter de Javier, al que le encanta coquetear. ¿Y si se atreve de verdad cuando estemos solos en la habitación?!—¿Dónde está la habitación? —preguntó en voz baja
Última actualización : 2026-08-14 Leer más