—Señor alcalde, ¿tiene usted su número de teléfono? —pregunté sin rodeos, impaciente. No iba a dejar escapar a Camila así como así. Fuera donde fuera, la encontraría.—Mmm… no lo tengo, señor Javier. Pero, ¿y si se lo preguntamos a Rosa? Las dos son muy íntimas; Rosa seguro que sabe adónde se ha ido Camila —sugirió el alcalde.Asentí rápidamente y, a grandes zancadas, me alejé del patio de la modesta casa de Camila. El alcalde y yo nos dirigimos a toda prisa hacia la casa de Rosa —una mujer que, casualmente, acababa de llegar a su casa, probablemente de vuelta del salón de actos. Recordaba perfectamente los rasgos de esta mujer de mediana edad, pues desde que estábamos en el salón no había dejado de mirarme con gran intensidad. Como si estuviera asegurándose de algo; de hecho, nuestras miradas se cruzaban con frecuencia.Esta mujer era la que, durante los últimos cinco años, había prestado tanta ayuda a Camila y a mi pequeña.Sí, ¡cada vez estoy más convencido de todo corazón de que e
Última actualización : 2026-08-10 Leer más