Esme siempre había considerado su apartamento como un refugio. Grandes ventanales con vista a San Francisco, paredes en tonos claros, muebles modernos, libros perfectamente ordenados m y una cocina donde casi nunca cocinaba, pero que existía como prueba estética de que podía hacerlo si algún día el universo colapsaba. Allí no entraban inversionistas ni periodistas. No entraban rivales corporativos con ojos grises, cláusulas testamentarias y una habilidad criminal para convertir una mentira en algo demasiado parecido a una verdad. O eso creía. Porque aquella noche, sentada en el sofá de su propia sala, descalza y con el cabello recogido de cualquier manera, Esmeralda tuvo que aceptar que Jason Russel había logrado invadir incluso su casa sin estar presente. Estaba en la pantalla del televisor,
Última actualización : 2026-07-25 Leer más