Nadia no volvió a responder, pero esa noche, cuando Facundo, borracho, se quedó dormido, ella se coló de nuevo en mi habitación.Esa noche se las ingenió para complacerme con las manos, los pies y la boca... Me hizo ver las estrellas.Ya me tenía hechizado y, como era de esperarse, no pensaba con claridad.A la mañana siguiente, Nadia ya no estaba a mi lado. Solo quedaba una nota con los datos de su cuenta bancaria.Sin perder un minuto, me levanté, me arreglé, tomé mis documentos y fui al banco.—Señor Robledo, la cuenta de destino está en el extranjero. Una vez confirmada la transferencia, no podrá revertirse. ¿Está seguro de que quiere transferir cien mil dólares? —me preguntaron en el banco.—Sí, confirmo la transferencia —respondí sin vacilar y asentí.Nadia no me dijo en qué país pasaría el embarazo, pero como se iba al extranjero, no me pareció extraño que fuera una cuenta extranjera.Cuando se confirmó la transferencia, fotografié el comprobante y se lo mandé a Nadia:“Nena, ya
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