Como era de esperarse, al escuchar las preguntas de Diana, Benjamín ensombreció el rostro de inmediato. —Diana, es bueno mantener la curiosidad. Pero sentir curiosidad por todo, no es nada conveniente. ¿Entiendes?Diana jamás había visto a Benjamín mirarla con tal severidad. En ese momento, se sintió verdaderamente asustada. Con el rostro pálido, asintió de inmediato.—Disculpe. Sé que me equivoqué, no volveré a preguntar nada más.Al notar que Diana se había puesto pálida por su reproche, la expresión de Benjamín se suavizó y su voz se tornó más templada.—Diana, recuérdalo: solo debes concentrarte en perfeccionarte. Te brindaré apoyo integral. No busques saber aquello que no te corresponde. ¿Comprendes?Diana tenía los ojos empañados y asintió con docilidad. —Sí, lo entiendo.—Bien, no llores. Si lloras, ya no eres tan bonita. —Benjamín intentó consolarla, con una ternura algo torpe.Diana secó sus lágrimas, con la nariz enrojecida, semejante a una cierva delicada. Aprovechando que B
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