Luis corrió hacia la cocina y vio una silueta de espalda ocupada con las tareas, vestida con la pijama de Ainhoa.—¡Mamá! —gritó. Estaba a punto de preguntarle qué desayuno le había preparado, cuando la mujer que trabajaba junto a la estufa se dio la vuelta.—Buenos días, Luis. —Sofía lo saludó con una sonrisa.Luis se quedó paralizado.No era mamá, era la señora Sofi...En ese momento, Javier también se acercó. Al ver a Sofía con la pijama de Ainhoa, su expresión se congeló un instante.Notando que Javier observaba su ropa, Sofía se apresuró a explicar. —Anoche me quedé jugando con Luis hasta muy tarde y Ana ya estaba dormida. No quise despertarla para pedirle una pijama, así que... tomé la de la señora Ortega sin preguntar. Disculpe, profesor, la lavaré perfectamente.Javier suavizó la mirada, sin darle mayor importancia. —No hay problema, es solo una pijama. Tiene muchas, no le va a hacer falta esta.Después de eso, dejó de prestar atención a Sofía y se giró hacia Ana. —¿Dónde está
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