La fría brisa de la mañana se colaba por la ventana entreabierta, pero dentro de la habitación el ambiente era denso, cargado de una tensión que ninguna manta podía calmar. Thaís estaba sentada en el borde de la cama, con los hombros rígidos y la mirada perdida en un punto fijo de la alfombra.Theodore se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas mientras la observaba con atención.—Todavía estás pensando en lo que dijo Matteo al irse, ¿verdad? —le preguntó él con voz pausada.Thaís parpadeó un par de veces, saliendo de su trance, y negó con la cabeza de inmediato.—No es eso. O bueno... un poco sí. Lo conozco, nunca se da por vencido. —No tienes que cargar con lo que dice ese imbécil —le recordó Theodore, estirando la mano para apartarle un mechón de cabello de la cara—. Lo único que le importa es salvarse el pellejo.—Lo sé —susurró ella, soltando el aire despacio—. Pero aunque no conozco a esa mujer, algo en ella no me gista para nada. Si ella hizo todo este teatr
Última actualización : 2026-09-03 Leer más