LOGINNARRADOR OMNISCIENTEEl silencio de la habitación se prolongó unos minutos más, hasta que el teléfono de Theodore vibró sobre la mesita.Al ver el nombre de Cooper en la pantalla, se apartó ligeramente de la cama y contestó en voz baja.—Dime.—Señor, he conseguido mejorar parte de la matrícula del vehículo. Ya tengo una identificación que estoy verificando —le informó Cooper. Theodore endureció la expresión.—¿Quién es el propietario?—Estoy comprobando esa información. No quiero darle un nombre hasta estar seguro de que los datos coinciden.—Entonces asegúrate de que coincidan. Quiero saber quién está detrás de ese automóvil y quién lo conducía esta mañana.—Hay algo más —añadió Cooper—. Estoy revisando las grabaciones de las cámaras cercanas al edificio de la señorita Laurent. ElEl vehículo llevaba días siguiéndola. Además, identificamos a la mujer que apareció aquella vez en el restaurante. Estaba dentro del automóvil, sentada junto al conductor.Theodore apretó el teléfono. Así
NARRADOR OMNISCIENTETheodore llevaba un rato revisando los mensajes de Cooper cuando una enfermera se acercó con órdenes del médico. Se incorporó de inmediato, apartando el teléfono de su atención.—¿Ocurre algo con Thaís? —preguntó de inmediato —El doctor le informará. Ya las pruebas salieron, señor Lockhart. Theodore miró a Thaís antes de levantarse.—Voy enseguida.Le acomodó la mano sobre la sábana y salió de la habitación. Al llegar al consultorio, encontró al médico revisando los resultados.—Dígame qué ha encontrado.El médico señaló la silla frente al escritorio, pero Theodore permaneció de pie.—Las pruebas muestran que ha sufrido lesiones por el impacto. Por ahora, no hemos detectado señales concluyentes de una complicación grave en el embarazo, pero debemos seguir vigilándola. Todavía es pronto para descartar todos los riesgos.Theodore soltó el aire que llevaba reteniendo. No era la certeza que necesitaba, pero al menos tenía un motivo para aferrarse a la esperanza.—¿Y
NARRADOR OMNISCIENTETheodore no recordaba haber sentido un miedo semejante. Desde que la ambulancia había llegado al hospital, no había dejado de caminar de un extremo al otro del pasillo, incapaz de encontrar un lugar donde quedarse quieto.Las puertas de urgencias permanecían cerradas. Thaís estaba al otro lado, y él no podía hacer nada para ayudarla.—Señor Lockhart.Theodore se volvió al escuchar su nombre. Un médico se acercaba, acompañado de una enfermera.—¿Cómo está ella? ¿Ya despertó? ¿Y mi bebé?El médico le indicó que se tranquilizara antes de responder.—Estamos evaluando su estado. El golpe fue considerable y necesitamos realizar algunas pruebas para determinar el alcance de las lesiones.Theodore sintió que el estómago se le encogía. Su pecho se oprimió—Está embarazada. Necesito saber si mi hijo está bien. Necesito que los salven a ambos.—Lo entiendo, señor. Precisamente por eso estamos actuando con cautela. En cuanto tengamos los resultados, podremos darle informació
NARRADOR OMNISCIENTETheodore bajó las escaleras de su casa a toda prisa, con el teléfono todavía pegado al oído.—¡Thaís! ¡Cariño, contéstame!No obtuvo respuesta. Solo escuchó el silencio al otro lado de la línea, y aquello le apretó el pecho con una fuerza que jamás había experimentado.Se metió en el automóvil y arrancó sin perder un segundo. Mientras conducía, intentó llamarla de nuevo, pero la llamada anterior seguía activa y nadie respondía.—Maldita sea, Thaís... —murmuró, aferrando el volante.No sabía qué había ocurrido. Ella había pronunciado su nombre con una voz tan débil que apenas la había reconocido. Después, nada. No podía dejar de pensar en esa última palabra ni en el miedo que había percibido en ella.Aceleró, atento a la carretera, mientras intentaba comunicarse con los servicios de emergencia.—Necesito una ambulancia. Una mujer embarazada ha sido atropellada. Estoy intentando localizarla y les daré la dirección en cuanto la tenga.Dio las indicaciones que pudo y
NARRADOR OMNISCIENTE Cuando terminaron de cenar, Theodore la acompañó hasta su apartamento. Durante el trayecto hablaron de cosas sencillas, y él consiguió hacerla reír varias veces. Thaís apoyó la cabeza en su hombro cuando el automóvil se detuvo ante el edificio.—No quiero que te vayas todavía —murmuró ella.Theodore volvió el rostro hacia ella.—Entonces invítame a subir, nena—susurró él con una sonrisa ladina Thaís sonrió.—¿No se supone que eres tú quien debe hacer las invitaciones?—Esta noche estoy dispuesto a hacer una excepción.Ella se inclinó para besarlo. El beso comenzó despacio, pero pronto Theodore le rodeó la cintura y la atrajo hacia él, sin dejar de tratarla con cuidado. Thaís acarició su rostro y, cuando se separaron, apoyó la frente contra la suya.—Me haces muy feliz —susurró.La expresión de Theodore se volvió más seria, aunque su voz conservó la ternura.—Eso es lo que quiero, Thaís. Que seas feliz conmigo —susurró apartando un mechón de su cabello. Ella vol
NARRADOR OMNISCIENTELa mañana transcurrió sin grandes contratiempos para Thaís. Después de desayunar con Sandra, intentó distraerse con algunas tareas pendientes, aunque no tardó en descubrir que su amiga estaba más interesada en hablar de Theodore que en cualquier otra cosa.—¿Vas a seguir mirando el teléfono cada cinco minutos? —preguntó Sandra, sentándose a su lado en el sofá.Thaís levantó la mirada de la pantalla.—No estoy mirando el teléfono cada cinco minutos.—Claro que no. Solo lo has revisado tres veces desde que terminamos de desayunar.—Estoy esperando un mensaje.Sandra sonrió con picardía.—¿De quién será?—Sandra…—Está bien, no diré nada. —Alzó las manos, fingiendo rendirse—. Pero es curioso que antes no tuvieras tanta prisa por recibir mensajes de nadie.Thaís intentó contener la sonrisa, aunque no lo consiguió del todo.—Theodore tiene mucho trabajo. No espero que esté pendiente de mí todo el día.—Eso no significa que no pueda escribirte cuando tenga un momento li







