Benjamín Drake.El silencio no era algo que un rey Lycan conociera a menudo.Para alguien como yo, cuya existencia se ha definido por el estruendo de la guerra, el rugido de la bestia y el murmullo incesante de las conspiraciones en la corte, el silencio suele ser un preludio: la calma antes de que la sangre empiece a correr.Sin embargo, en este rincón olvidado de mis jardines privados, bajo los robles antiguos que han visto caer imperios, el silencio era algo distinto.Era absoluto.Fenrir, que normalmente era una tormenta de instintos y exigencias, se había quedado mudo. No era el silencio de la sumisión, ni el de la derrota. Era el silencio del entendimiento.Elizabeth —o Freya, pues en este momento la distinción era una frontera borrosa— había colocado su cabeza bajo el cuello de mi lobo.Fue un gesto simple.Despojado de toda la complejidad política que normalmente definía nuestras interacciones.No había táctica en ello, ni desafío, ni la ironía mordaz con la que ella solía pro
Última actualización : 2026-08-30 Leer más