Al final, Rodrigo estaba realmente ebrio, así que Sara llamó al chofer y le pidió que fuera a buscarlos.—Cuñada, ¿qué le parece si la llevo a casa? —se ofreció Andrés, preocupado.Sara negó con la cabeza:—No hace falta. Vuelvan ustedes. Me quedaré aquí un momento con él esperando el auto. Ya es tarde; sus esposas deben estar preocupadas.La sonrisa de Andrés se heló en su rostro:—Cuñada... le aseguro que no tengo esposa. ¡No me haga sentir mal!Tras decir esto y darle algunas recomendaciones, se despidió y se marchó.Sara tomó una silla y se acercó a él. Lo vio profundamente ebrio, con los párpados pesados, el cuerpo ardiendo y desabrochándose la camisa con una tranquilidad inusual. Rodrigo, en ese estado, se comportaba con una docilidad que difícilmente se le habría atribuido estando sobrio.Sara le acarició suavemente las mejillas, teñidas de un rubor:—Oye, Rodrigo... ¿cuándo empezaste a quererme de verdad?El hombre, recostado en el asiento, se incorporó al escucharla:—Jeje...
Última actualización : 2026-08-22 Leer más