Los vecinos del segundo piso también estaban en plena mudanza. Sin agua, luz ni gas, la vida se había vuelto insostenible. Algunos usaban ron como combustible, otros partían los muebles para hacer leña, y los más desesperados comían arroz crudo y terminaban con diarrea.Cuando vieron los bultos que entraban por la ventana, a muchos se les iluminaron los ojos. Y al ver el bote inflable, una señora mayor se acercó sonriente:—Ay, jóvenes, se mudan con tantas cosas... ¿Qué llevan ahí?Sonreía, pero los ojos se le iban a los bultos.Al ver que se acercaba a tocarlos, Luis, sin aliento, los puso bajo sus pies para protegerlos.Como no podía tocar los bultos, la señora se lanzó sobre el bote inflable:—Muchacho, llevamos días sin comer ni beber. Préstennos el bote para ir a buscar algo de comer. Que los niños no pueden pasar hambre.Ese bote era su salvación. Luis no podía dejarlo, pero la señora ya le echaba mano.Tirando del bote, la mujer casi hizo caer al débil Luis. En un arrebato, él s
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