RenataVuelvo en mí con un pitido agudo en los oídos y el sabor a metal en la boca.Por un segundo no sé dónde estoy. Hay humo, o polvo, algo blanco flotando en el aire, y el airbag desinflado colgándome sobre las piernas como una medusa muerta, y el mundo entero ladeado. Me duele el cuello. Me duele el hombro donde el cinturón me clavó de golpe. Pero muevo los dedos, muevo los pies, giro la cabeza, y entiendo, con un alivio que me marea, que estoy entera. Magullada, temblando, pero entera.—Leonardo. —Mi voz sale rasposa—. Leonardo, ¿estás…?Y me giro hacia él, y se me congela todo.Porque él también está entero, lo veo, no hay sangre, no hay nada roto, el otro auto nos dio de lado y el suyo aguantó el golpe. Pero Leonardo no está bien. Leonardo está mirando al frente con los ojos muy abiertos y vacíos, agarrado al volante con las dos manos tan fuerte que tiene los nudillos blancos, y respira mal, rapidísimo y sin aire a la vez, jadeos cortos y secos que no le entran, como un pez fue
Última actualización : 2026-08-14 Leer más