LeonardoLlego a casa tarde, molido, después de un día entero evitando pensar en el beso, y lo único que quiero es una ducha y dormir doce horas seguidas.La casa está en silencio, con las luces bajas, y subo las escaleras aflojándome la corbata, pensando en nada, y abro la puerta de la habitación.Y me olvido de cómo se respira.Renata está sentada en el borde de la cama, esperándome, y trae puesto algo que no tiene ningún derecho a existir. Un conjunto negro de encaje que apenas la cubre, un hilo por tanga, una bata transparente sobre los hombros que no oculta absolutamente nada, y la piel le brilla apenas a la luz de la lamparita, como si se hubiera puesto algo, un aceite, algo que la hace resplandecer y que suelta un olor tibio, dulce, que me llega desde la puerta y me desarma de golpe.—Llegas tarde —dice, en voz baja, sin la agresividad de otras veces, casi con timidez.—Renata. —Trago—. ¿Qué… qué haces?—Esperándote. —Se levanta, despacio, y la bata se le abre un poco más al mo
Última actualización : 2026-08-25 Leer más