RenataLlevo media hora dando vueltas en la cama, sin poder dormir, con la piel todavía tibia de sus besos en la arena y el corazón que no se calla, cuando tocan a la puerta.Suave. Dos golpes.Me levanto, me acomodo el pelo por puro nervio, y abro. Y ahí está Leonardo, descalzo, con la camisa a medio abrochar y el pelo revuelto y una cara de no saber muy bien qué hace ahí.—No puedo dormir —dice, bajito.—Yo tampoco. —Me hago a un lado—. Entra.Y entra, y cierro la puerta, y de repente el cuarto se siente pequeño, con los dos ahí de pie, con toda la tensión de la playa todavía flotando entre nosotros. Nos sentamos en el borde de la cama, y hablamos, porque es más fácil hablar que mirarnos, y hablamos de cosas suaves, del mar, de la reunión de mañana, de tonterías, mientras el aire se v
Última actualización : 2026-08-27 Leer más