Jadé, con los dedos luchando por agarrarme de la madera pulida.—Mierda —gruñó, con las manos sujetando mis caderas—. Estás tan estrecha. Tan jodidamente perfecta.Empezó a moverse, un ritmo constante que se intensificaba despacio, cada embestida empujando más profundo, más fuerte. El banco de trabajo crujía debajo de nosotros y podía oler a serrín, sudor y sexo. Se inclinó sobre mí, con el pecho presionando contra mi espalda y sus labios rozándome la oreja.—Esto es lo que he estado planeando —susurró, con la voz rasposa—. Esto es lo que he estado esperando. Tú, doblada sobre mi banco, recibiendo mi polla como una buena perrita.Gemí, incoherente, con la mente nublada de placer y vergüenza.—Te voy a follar todos los días —continuó, con embestidas cada vez más rápidas.—Te voy a entrenar para que me recibas cuando quiera, donde quiera. Y me vas a dar las gracias por ello.Su mano se deslizó hacia mi clítoris, frotando en círculos apretados. La presión se acumuló en mi interior, tensá
Última actualización : 2026-08-03 Leer más