A la mañana siguiente Milena se movió despacio, las sábanas aún calientes, el cuerpo envuelto en una pereza agradable, pasó la mano por la cama y se dio cuenta de que estaba sola. — Qué pena... ya se ha ido.— susurró con un suspiro lento. Se levantó, al oír un ruido en el piso de abajo, se hizo un moño sencillo en el pelo y caminó hasta la cocina. En cuanto bajó. Se detuvo un instante, al ver que él aún estaba en la casa. Se quedó un momento en silencio, intentando contener la sonrisa que insistía en surgir al ver el lío que estaba haciendo. Marcelo estaba descalzo, el pelo desordenado, sin camisa, solo con un pantalón de chándal. Removía el café distraídamente, cuando sintió la presencia de ella. — Buenos días, dormilona. — murmuró él, sin mirarla, la voz ronca, demasiado calmada para el hombre que ella conocía. — Buenos días... — respondió, aún sin creer lo que veía. — ¿Tú... cocinando? Él se giró. Había un leve cansancio en el rostro, pero aun así, sonreía. — He he
Dernière mise à jour : 2026-08-29 Read More