El silencio que sigue a la desaparición de Malachi es absoluto, tan completo que literalmente puedo escuchar mi propio corazón latiendo irregular en mi pecho, todavía acelerado por la adrenalina del combate que acaba de concluir. Durante un momento, nadie se mueve. Nadie respira. Toda la manada está congelada en un estado de shock genuino, procesando el hecho de que acabamos de enfrentar a una entidad milenaria y, contra toda probabilidad, la forzamos a retroceder. Y entonces, como si alguien hubiera roto un hechizo, el claro entero explota en caos. No es un caos de pánico, sino un caos de liberación, de alivio puro y sin filtrar que semanas de vigilancia constante y anticipación de muerte inminente habían comprimido en cada lobo presente. Los guerreros aúllan, no de dolor sino de triunfo, su sonido reverberando a través del territorio como una afirmación de supervivencia contra toda expectativa. Adara corre hacia mí, sus ojos brillando con lágrimas genuinas de alivio, y me abraz
Última actualización : 2026-08-28 Leer más