El crujido del viento contra las vigas de madera parecía marcar el paso del tiempo en la cabaña. El té sobre la mesa ya se había enfriado, dejando una fina capa de vapor evaporado en el aire cristalino de la montaña. Victoria mantenía los brazos cruzados alrededor de su cintura, observando cómo las sombras de los pinos se proyectaban sobre el suelo de la pequeña estancia. Alejandro seguía de rodillas a su lado, inmóvil, con la mirada fija en ella como si temiera que, al pestañear, la mujer que tenía enfrente se desvaneciera en medio de la penumbra. —No digas eso, Alejandro —murmuró Victoria con una voz tenue, casi ahogada por la resignación—. No hables de luchar por mi perdón cuando sabes perfectamente que las cosas no se arreglan con palabras bonitas ni con actos desesperados. Lo que hiciste hoy no es amor; es soberbia. —Es desesperación, Victoria —corrigió él de inmediato, acortando la escasa distancia que los separaba hasta apoyar las manos en los brazos del sillón, acorralán
Última atualização : 2026-08-29 Ler mais