Elena miró a su hija con un amor profundo y sin un solo gesto de juicio. Tiró suavemente de sus manos para guiarla hacia el amplio sofá de terciopelo del atelier, donde ambas se sentaron frente a la mesa repleta de telas y bocetos. —Victoria, mi vida —comenzó Elena con voz serena y pausada—, después de todo lo que sufriste al lado de Alejandro, es completamente normal que sientas miedo. Pasaste tres años entregándolo todo por un hombre que no supo valorarte, y cuando la vida te da una oportunidad real de ser feliz, tu mente busca protegerte. —Lo sé, mamá —respondió Victoria, ajustándose un mechón de cabello detrás de la oreja con dedos temblorosos—. Pero Fernando no se merece ni una sola de mis dudas. Él ha sido impecable conmigo. Me apoyó cuando no tenía nada, creyó en mi talento para la repostería y su familia en Barcelona me abrió los brazos sin pedirme nada a cambio. Siento que si dudo, le estoy fallando a la persona que más me ha cuidado en este mundo. Elena le tomó el rost
Última actualización : 2026-08-26 Leer más