Las tres camionetas avanzaban a velocidad constante por la carretera que dejaba atrás las luces de Palermo, internándose en las zonas industriales de las afueras. En el asiento trasero del primer vehículo, Matthias se mantenía en silencio, mirando por la ventana hacia los paisajes oscuros de la costa siciliana.A su lado, Francesco Martini sacó una pequeña agenda de piel y una pluma, acomodándose los lentes redondos sobre el puente de la nariz con la punta del dedo índice. A sus cuarenta y nueve años, Francesco conservaba una contextura impecable; los hombros anchos y el torso musculoso que se adivinaban bajo el saco de corte impecable contrastaban con su cabello castaño corto, que empezaba a pintarse de canas en las sienes. Sus facciones marcadas y la expresión calmada le daban una apariencia madura e intelectual, casi la de un profesor universitario, una imagen que encubría a la perfección al hombre que movía los hilos contables de la organización más peligrosa de la isla.—Los homb
Última actualización : 2026-08-21 Leer más