En lo alto del sillón, Sicario ladeó la cabeza. El animal emitió un chillido molesto, notando el gesto extraño de la mujer sobre el vaso de su dueño. Matthias terminó la llamada a los pocos segundos, guardó el aparato, regresó al sillón y, sin sospechar absolutamente nada, se tomó la mitad del cristal de un solo trago. Pasaron apenas cinco minutos. Matthias comenzó a sentir un calor sofocante corriendo por su cuello. El pulso se le disparó de forma alarmante, una pesadez extraña se apoderó de sus párpados y una ola de excitación física irracional y fuera de control comenzó a golpear su cuerpo. Apoyó los puños sobre la mesa, confundido por la repentina falta de aire. Sabía que algo andaba mal, pero su cerebro no lograba coordinar las ideas con claridad. Devora vio el efecto inmediato y no perdió el tiempo. Se aproximó a él, fingiendo preocupación: —¿Matthias? ¿Qué te pasa? —Tengo... demasiado calor —gruñó él, intentando aflojarse el cuello de la camisa con dedos torpes. De
Última actualización : 2026-08-25 Leer más