Lucía se quedó petrificada. Lo pensó un buen rato, y al final dijo con tono lastimero:—Pero... ¿no puedo tener dos mamás? Una que juegue conmigo, y otra que me haga comida rica. ¿No está bien así?Sofía sintió un dolor agudo en el pecho.Eran palabras inocentes, pero le helaron el alma.Miró a su hija, a quien había llevado nueve meses en su vientre, y esbozó una sonrisa:—No se puede tener todo en la vida, y de mamá solo se tiene una. Tienes que elegir una.Lucía se quedó clavada en el sitio, con los ojos enrojecidos.Miró a su madre, y en su mirada encontró una calma que daba miedo. Esa sensación de vacío le provocó un temor desconocido.Abrió la boca para decir que elegía a Sofía, pero las palabras se le atragantaron.Su tía Liliana le compraba caramelos, veía dibujos animados con ella hasta el amanecer, la llevaba a comer cosas ricas y nunca la regañaba.Pero su mamá... le prohibía los dulces, le ponía límites con la tele, le decía qué hacer y qué no. Qué fastidio.Lucía bajó la c
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