—No lo hagas, papi. No sigas así, vas a matarme...En el baño, mi padrastro me rasgó la falda...***Desde que entré a la universidad, mi cara hermosa, mi busto generoso y mis piernas largas atrajeron a muchos chicos. Pero no me atrevía a salir con ninguno porque todavía no tenía experiencia con hombres y padecía una enfermedad muy vergonzosa.Adicción al sexo.Desde la pubertad, aquella enfermedad no dejaba de atormentarme. Me provocaba una comezón insoportable allá abajo y hacía que me mojara muchísimo.Aunque siempre llevaba dos calzones de repuesto en el bolso, mi intenso deseo sexual hacía que la ropa interior se me empapara con frecuencia.Por eso, cuando ya no podía soportarlo, solo me quedaba darme placer para calmar ese impulso. Pero esa noche, mientras me tocaba en el baño... Mi padrastro, que acababa de volver del trabajo, abrió la puerta sin avisar.—Ángela... estás...Cuando mi padrastro, corpulento y vestido de traje, me vio por primera vez en una situación tan indecente.
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