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Capítulo 2

مؤلف: Verde
En ese momento estaba tan nerviosa que ni siquiera me atrevía a respirar. Mi padrastro pareció percibir algo del otro lado de la puerta y se alejó deprisa. Solo entonces respiré aliviada.

Muerta de vergüenza, me limpié despacio. Durante muchos días después del incidente, pareció que me estuvo evitando. Salía temprano y regresaba tarde todos los días. Una tarde, apenas llegué a casa, lo escuché hablar con voz áspera.

—Aah... Qué sucia.

Al principio no entendí qué ocurría.

Cuando me acerqué, descubrí que mi padrastro, siempre estricto y feroz, estaba en mi recámara. Tenía cubierto el bulto hinchado de su entrepierna con el calzón de ositos que acababa de quitarme y se masturbaba con frenesí.

—Llevas tiempo deseándolo, ¿no? Papi te va a complacer... Aah, qué suave, qué rico...

Sus jadeos apasionados me sorprendieron. Pero en cuanto me fijé en aquel miembro grueso, me excité sin querer.

Así que también tenía fantasías salvajes conmigo…

Me excitó muchísimo descubrirlo. Sin embargo, su severidad habitual conmigo me impedía dejar traslucir nada mientras lo espiaba desde la puerta.

Contuve la respiración y apreté las piernas al sentir que comenzaba a mojarme.

“Oh... papi...”

Gritaba en mi mente.

Imaginaba cómo me penetraba con ferocidad. Pero seguía sin percatarse de mi llegada. Comenzó a masturbarse con más intensidad.

—¡¿Has estado queriendo que papi te coja?!

Al ver aquella mano fuerte aferrar el enorme miembro y escuchar su voz tan profunda, me excité tanto que sentí que todo el cuerpo se me aflojaba.

Era como si me cabalgara desde atrás, sujetándome por la cintura, dándome nalgadas mientras me interrogaba. No sabía cómo expresar lo que sentía; solo tenía claro que su brutalidad me fascinaba.

Sobre todo me fascinaba aquel enorme miembro surcado de venas, envuelto en mi calzón con ositos.

Si... si de verdad me lo metiera...

Me imaginé que me penetraba desenfrenadamente.

Me mordí el labio, muerta de ganas; la humedad espesa entre mis piernas ya me corría por los muslos.

“Qué rico...”

“Si me metiera hasta el fondo ese enorme garrote...”

“¿Me destrozaría...?”

Pensé, avergonzada.

Sabía que era mi padrastro y que no debía tener esos pensamientos. Aun así, no podía dejar de imaginar qué sentiría si me metiera aquel enorme miembro hasta el fondo...

—Aaahh...

Mientras me entregaba a mis fantasías, sus movimientos en la recámara se aceleraron, y la humedad entre mis piernas me provocaba un cosquilleo cada vez más intenso.

Era insoportable. Mis dedos apenas alcanzaron a rozar mi pliegue íntimo, húmedo y resbaladizo. En ese preciso momento, mi padrastro jadeó.

—¡Ah...!

Se le tensó todo el cuerpo. Vi cómo el enorme miembro envuelto en mi calzón con ositos comenzaba a palpitar sin control y luego estallaba en chorros de semen blanquecino y espeso.

Mi papi... se corrió muchísimo...

Al ver todo aquel líquido salir a cascadas, sentí que la cara me ardía. Mi emoción también llegó al límite.

—Ah, papi...

Ya no pude contenerme y hundí los dedos en mi pliegue íntimo, húmedo y resbaladizo. El cosquilleo me recorrió como una descarga y avivó mi placer. Cuánto deseaba que aquel grueso miembro me atravesara...

Pero sabía que no podía.

¡Porque era mi padrastro!

No aparté la mirada de él cuando terminó de correrse. Estaba tan excitada que moría de ganas de llegar al orgasmo frente a él.

Sin embargo, mientras me dejaba llevar por el placer, un intenso temblor me hizo tirar sin querer el florero que estaba junto a la puerta.

¡Clac!

El ruido me horrorizó, y él, que acababa de correrse, giró la cabeza rápido como un robot.

—¡Á... Ángela!

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