—Dilo —dijo Alexander—. Sea lo que sea. Camille nos había estado esperando en el estudio, el portátil abierto, una única página impresa sobre el escritorio, boca abajo, como si no pudiera decidir si dejar que alguno de los dos la mirara todavía. —Ya la he leído cuatro veces, esperando haberla malinterpretado las tres primeras. —Camille giró la página, deslizándola por el escritorio—. Isabelle Marchetti autorizó el traslado del expediente de ingreso original de Vivienne a un archivo privado, dos meses después de que terminara el embarazo. No al hospital. No a los registros de nuestra clínica. A una instalación de almacenamiento privada con su nombre en el contrato de alquiler. Miré la firma al pie de la página, elegante, deliberada, nada parecida a la cálida caligrafía cursiva que Isabelle usaba en las tarjetas que, según había oído, todavía le enviaba a Vivienne cada año. —Su propia madre lo enterró —dije en voz baja. —Lo enterró, o lo protegió. —La voz de Camille se había vuelto
Last Updated : 2026-08-10 Read more