Valerie abrió los ojos lentamente. La luz de la habitación le pareció demasiado brillante, y le hizo latir la cabeza antes de comprender dónde estaba. En cuanto intentó moverse aunque fuera un poco, un dolor agudo la golpeó en el abdomen. Cada respiración se sentía pesada, como si sus pulmones presionaran directamente sobre la herida suturada en su vientre. A lo lejos, escuchó una vocecita cerca de ella. —¿Mamá Valerie? Ella giró la cabeza despacio, muy despacio, porque cualquier movimiento se sentía como un corte. —Ethan… ¿estás bien? Su propia voz sonó débil, ronca, muy distinta a la de siempre. El rostro de Ethan se veía triste, con los ojos llenos de lágrimas. —Yo solo tengo unos rasguños —dijo, mostrando su brazo vendado con una pequeña curita—. Perdón, mamá se enfermó por mi culpa. Valerie levantó la mano, pesada por las líneas del suero, y acarició suavemente la mejilla del niño. —Mamá nunca dejaría que te pasara nada. Y ya estoy bien, ¿ves? Todavía puedo sonreír, ¿no?
Última actualización : 2026-09-01 Leer más