Leander entró en la sala de interrogatorios, que se sentía fría y desolada. Las paredes, de un tono gris liso, solo estaban iluminadas por una luz fluorescente que zumbaba suavemente sobre su cabeza. Se sentó frente al hombre, que lo miraba con la mirada perdida, con las esposas sujetándole las manos a la mesa de metal.—Tu nombre —dijo Leander, con voz plana, sin rodeos.El conductor levantó la vista, y sus ojos se movieron inquietos entre Leander y los dos policías que permanecían de pie en un rincón.—No sé nada de lo que pasó.—Aún no te he preguntado nada sobre el accidente —respondió Leander con calma, recostándose en su silla—. Solo te pregunté tu nombre.El hombre guardó silencio, dudando.—Raymond.—Raymond —repitió Leander lentamente, como si saboreara el nombre—. ¿Sabes quién soy?No hubo respuesta.—Soy el dueño del vehículo que atropellaste —continuó Leander, manteniendo el tono bajo, aunque cada palabra parecía tallada en hielo—. En ese auto iba mi hijo, de tres años. Y
Última actualización : 2026-08-30 Leer más