La tormenta exterior parecía haber alcanzado su punto de máxima ebullición, con los truenos retumbando sobre los acantilados de Cartaluz como tambores de guerra y la lluvia azotando los ventanales blindados del despacho con una furia incesante. Sin embargo, dentro de la estancia, el verdadero cataclismo no venía del cielo, sino de las palabras que acababan de cruzar los labios de Rafael. Tenía el cuerpo completamente entregado al calor de su piel, con la espalda apoyada contra los cojines de terciopelo del sofá y su peso imponente cubriéndome como un escudo de obsidiana. Las secuelas de nuestra entrega aún hacían latir mis pulsos con fuerza, pero las palabras que él pronunció a continuación, con una calma tan aterradora como magnética, detuvieron el tiempo a nuestro alrededor. Rafael levantó ligeramente el rostro, apoyando una mano firme sobre el respaldo del sofá junto a mi cabeza. Sus ojos oscuros, fijos e imperturbables, me absorbieron por completo. —Diez años esperándote, Vane
Última actualización : 2026-08-18 Leer más