El eco de mis propias palabras —la aceptación definitiva de su obsidiana, de sus cadenas doradas y del imperio construido sobre los cimientos de su persistencia— aún flotaba en el aire denso y cálido de la suite alpina como un decreto sagrado. Rafael se quedó inmóvil sobre mí, con el torso pesado y caliente cubriendo mi anatomía, respirando con una lentitud impropia de la tormenta interna que acababa de desatar en su pecho. Sus ojos oscuros, habitualmente blindados y distantes para el resto de la humanidad, me miraban ahora con una exposición tan cruda, tan exenta de defensas, que sentí que el tiempo se detenía. Ya no quedaban secretos en los rincones oscuros de nuestra historia. Las sombras habían sido disipadas por la luz implacable de la verdad, y lo único que restaba entre nosotros era la pureza salvaje de un vínculo que desafiaba las leyes del mundo. —Sin secretos, Vanessa... —su voz, ronca, profunda y magnética, vibró muy cerca de mis labios, como un juramento grabado a fuego
Última actualización : 2026-08-26 Leer más