Al salir del aula, no regresé a casa. Cassian necesitaría tiempo para tragarse el orgullo herido, y Lydia, para decidir si estaba más furiosa que asustada. Yo, en cambio, no tenía nada que superar.Detrás de la sala de esgrima había un antiguo cuarto de almacenamiento. Me deslicé dentro y cerré la puerta con llave. Estaba sola, sin Cassian ni Lydia, y sin miradas ajenas.Una chica pálida, con el uniforme oscuro de la academia, sentada a solas en una habitación olvidada, memorizando latín bajo un frío haz de luz vespertina. Era exactamente el tipo de imagen que podía hacerse viral.Mi cuenta de estudio había crecido rápidamente. Comencé publicando pequeños videos de mi escritorio, mis apuntes y mi rutina diaria. Con el tiempo, mi rostro empezó a aparecer con mayor frecuencia: unos segundos mientras pasaba una página, una sonrisa discreta a la cámara o una mirada cansada sobre una pila de libros. Ahora contaba con más de seiscientos mil seguidores, principalmente mujeres.Y, como había s
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