Caminé durante más de media hora para llegar a la universidad. Normalmente tardaba menos, pero mi cuerpo estaba tan débil, tan cansado, que mis pasos se arrastraban sobre el asfalto como si llevara piedras atadas a los tobillos.Al llegar al salón, me dejé caer sobre la silla, exhausta.Lorena, una compañera con la que hablaba ocasionalmente, se acercó al verme.—¿Cómo vas, Niki? —preguntó con su bonita sonrisa alargándose, cálida, envolvente.Se sentó frente a mí, sus ojos cafés brillaban con un destello que no pude descifrar.—Estoy bien —mentí, encogiéndome de hombros.Quise sonreír, borrar de mi rostro el gesto sombrío que delataba todo, pero los músculos de mi cara no respondieron.Lorena se humedeció los labios. Su sonrisa vaciló, pero no desapareció.—¿Qué harás después de clase? —consultó, acercándose un poco más—. Tenía pensado ir a la cafetería que está en la salida. Ya sabes, el lugar es muy lindo… y el café levanta a los muertos —bromeó con una energía que me resultó ajena
Última actualización : 2026-08-19 Leer más