En ese momento, la pantalla del cine se iluminó y alcancé a distinguir el perfil del hombre.¡Era Maximiliano, mi cuñado!Mi hermana estaba con Maximiliano en el cine...¿En serio les gustaban las emociones tan fuertes?Me dio vergüenza y sentí que no debía seguir mirando, pero ardía de deseo. No podía dejar de mirarlos, y empecé a tener unas fantasías muy indecentes.Ojalá fuera yo quien estuviera inclinada sobre las piernas de Maximiliano. Odiaba pensar así, pero no podía evitarlo. Ellos perdieron todo su dinero en un negocio y hasta vendieron su casa. Ahora vivían en la mía.Viviendo bajo el mismo techo, era inevitable vernos a diario. Max tenía un gran deseo sexual y casi todos los días llevaba a mi hermana a la recámara para hacerlo. Aunque una sola pared separaba nuestras recámaras, siempre la escuchaba suplicándole que se detuviera porque no podía soportar el ritmo.En esos momentos pensaba que, si él fuera mi novio, yo sí podría satisfacerlo. Solo de imaginarlo, el cuerpo se me
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