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Capítulo 2

Autor: Violeta Díaz
En ese momento, la pantalla del cine se iluminó y alcancé a distinguir el perfil del hombre.

¡Era Maximiliano, mi cuñado!

Mi hermana estaba con Maximiliano en el cine...

¿En serio les gustaban las emociones tan fuertes?

Me dio vergüenza y sentí que no debía seguir mirando, pero ardía de deseo. No podía dejar de mirarlos, y empecé a tener unas fantasías muy indecentes.

Ojalá fuera yo quien estuviera inclinada sobre las piernas de Maximiliano. Odiaba pensar así, pero no podía evitarlo. Ellos perdieron todo su dinero en un negocio y hasta vendieron su casa. Ahora vivían en la mía.

Viviendo bajo el mismo techo, era inevitable vernos a diario. Max tenía un gran deseo sexual y casi todos los días llevaba a mi hermana a la recámara para hacerlo. Aunque una sola pared separaba nuestras recámaras, siempre la escuchaba suplicándole que se detuviera porque no podía soportar el ritmo.

En esos momentos pensaba que, si él fuera mi novio, yo sí podría satisfacerlo. Solo de imaginarlo, el cuerpo se me encendió. No esperaba que lo siguiente fuera todavía más excitante.

Había pocas personas en el cine y todas estaban sentadas adelante, así que Maximiliano le levantó la falda a Yazmín y la hizo sentarse de espaldas sobre él.

—Ah... Mi amor, estás tan duro. Ya lo siento contra mí.

Escuché con toda claridad el gemido seductor de mi hermana. Maximiliano la sujetaba por la cintura y la embestía con las caderas. Incluso escuchaba sus asientos crujir.

¡Qué atrevidos!

Me preocupaba que alguien los descubriera y también que ellos me vieran, pero no lograba apartar la mirada. Con la cara encendida, metí una mano entre las piernas.

Me habían dicho que la cámara de seguridad del cine estaba averiada. Eso me dio valor. Presioné un poco más y no pude evitar gemir. El susto me dejó helada y no me atreví a moverme. Esperé dos segundos y, cuando vi que ellos no volteaban, por fin pude respirar.

Sin embargo, mi corazón latía cada vez más rápido. La emoción de haber escapado por poco hizo que deseara sensaciones más intensas. Desabroché los jeans a escondidas, bajé la cremallera y me metí la mano...

Enseguida la tuve empapada y resbalosa. Con la cara encendida, comencé a moverla despacio. Sé que se sentirían muy decepcionados si supieran que yo estaba en un rincón del cine, masturbándome a escondidas mientras los veía hacerlo.

La culpa y el deseo desbordado me estaban destrozando. Ya no quería seguir pensando; solo quería ir más rápido, cada vez más rápido... hasta que el placer ahogara la culpa.

—Ah... Mi amor, me voy a venir.

Yazmín dejó escapar un gemido que no pudo contener. Mi cuerpo se convulsionó y tuve un orgasmo en el cine.

Subí la cremallera a toda prisa y vi que Maximiliano sujetaba con fuerza las caderas de mi hermana para impedir que se levantara.

Parecía sufrir cuando dijo:

—Sigo duro. Hagámoslo otra vez.

Yazmín le suplicó:

—No, mi amor, ya no puedo. Me duele y siento que estoy hinchada.

Maximiliano la soltó, molesto.

—Ojalá fueras calenturienta como Yesenia.

Escuchar eso me confundió.

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Último capítulo

  • Una Buena Acogida   Capítulo 9

    Yazmín seguía a mi lado grabándolo todo. ¡Quería usar ese video para extorsionarme! Cuando parecía que iban a violarme, se escucharon fuertes golpes en la puerta.—¡Abran! ¡Paguen lo que deben!Los dos palidecieron.—¿Cómo dieron con este lugar los cobradores? ¿Les diste la dirección? —Maximiliano se olvidó de mí, se levantó y le exigió una explicación a Yazmín.—Claro que no —negó ella.Ambos se miraron, comprendieron algo y voltearon hacia mí al mismo tiempo.—¡¿Fuiste tú?! —gritó Yazmín.La miré con burla.Conociendo su forma de ser, ¿cómo no iba a tomar precauciones? En cuanto la droga comenzó a hacer efecto, noté que algo estaba mal y envié un mensaje de auxilio. Pero tampoco esperaba que aquellos cobradores falsos llegaran en el momento preciso.Por supuesto, jamás contactaría a los cobradores de verdad. Después de todo, esa era mi casa y no quería que en el futuro me estuvieran acosando a mí.—¡Rápido, trae su celular! ¡Pagaremos con su dinero! —ordenó Maximiliano, desesperado.

  • Una Buena Acogida   Capítulo 8

    Yazmín jamás imaginó que me negaría y me miró incrédula.—¿Estás bromeando? ¡Con lo calenturienta que eres, no vas a aguantar!Me puse seria.—Si te sigue sin importar que seamos hermanas, ¡le contaré todo a Maximiliano! ¡Ya veremos si te deja para complacerme! Soy más compatible con él tanto en el amor como en el sexo y ahora también tengo más dinero que tú. Puedo ayudarlo más que tú tanto en su carrera como con sus deseos.Mis palabras tan directas hicieron que mi hermana temblara de odio. Me apuntó a la cara con el dedo y tardó un buen rato en murmurar entre dientes.—¡Muy bien! ¡Qué digna eres! ¡Ya veremos qué haces cuando vuelvas a ponerte cachonda!Dicho eso, salió furiosa, aunque no se atrevió a tocar la puerta de la recámara contigua. Intuí que no dejaría las cosas así.Desde pequeñas, siempre había conseguido lo que quería o hecho lo que se proponía, sin importarle qué método tuviera que usar.Al día siguiente, mis sospechas comenzaron a confirmarse. Pero nunca imaginé que ser

  • Una Buena Acogida   Capítulo 7

    —¡Ah! ¡Me duele! Mi amor, ya no puedo. ¿Podemos parar?Apenas encendí mi juguete, escuché a Yazmín suplicar que se detuviera. Mientras lo usaba para aliviar mi necesidad, agucé el oído. Aquello era muy excitante y aumentaba mi placer.En la habitación contigua, Maximiliano trató de convencerla con paciencia. Tras insistirle un poco, vio que ella seguía negándose a continuar y se enfureció.—No puedes ayudarme con mi negocio y todavía pones pretextos para cumplir con tus deberes de esposa. ¿Cómo puedes ser tan inútil? ¡Quítate! Voy a buscar otra mujer o terminaré reventando de tanto contenerme.Lo escuché con indignación. Aunque Yazmín y yo no nos llevábamos bien en ese momento, tampoco soportaba que Maximiliano la tratara así. Al igual que yo, ella tenía un departamento que nuestros padres le dieron antes de que se casara y que era suyo.Sin embargo, cuando el negocio de Maximiliano fracasó, ella ignoró las advertencias de nuestros padres, vendió el departamento para cubrir las pérdida

  • Una Buena Acogida   Capítulo 6

    Aquella intensa experiencia con Maximiliano logró calmarme durante dos días, a pesar de mi fuerte deseo sexual.Me alegré.Por lo visto, antes nunca quedaba satisfecha y por eso tenía ganas a todas horas. Ahora que había quedado bien satisfecha, ya no estaba tan desesperada por hacerlo.Al principio me molestaba que a Maximiliano le faltara hombría, así que no pensaba volver a hacerme pasar por Yazmín para acostarme con él.Pero este descubrimiento hizo que la idea me volviera a tentar. No andar con la urgencia todo el tiempo era una maravilla; en esos dos días hasta me atreví a salir de la casa a plena luz del día para tomar aire. Aunque muchos hombres clavaran sus miradas ardientes en mi cuerpo, solo sentía satisfacción, pero ya no ardía con la urgencia de tener sexo a cada rato.Si pudiera estar así todos los días, ¿no podría ser una persona normal y salir a buscar trabajo? Por desgracia, esa tranquilidad solo duró dos días. Al tercer día, volvió a vencerme el deseo de hacerme pasar

  • Una Buena Acogida   Capítulo 5

    —Perdón, perdí el control. No me di cuenta de que había tantas personas.Lo interrumpí y, con los ojos y las mejillas enrojecidos, volteé hacia el muchacho mientras las lágrimas me corrían sin parar.—No puedo evitar enojarme. Estábamos viendo la película y en eso miré que contestó a escondidas un mensaje de su ex. Cuando lo descubrí, me abrazó para calmarme. ¿¡Cómo puede hacerme algo así!?Forcejeé para apartar a Maximiliano. Él se asustó tanto que se apresuró a sujetarme, temeroso de que el muchacho descubriera lo que ocurría debajo de mi falda.—¡Deja de hacer escándalo! —dijo entre dientes.Apenas podía contener el deseo y también estaba aterrado. Me inmovilizó entre sus brazos y parecía un novio furioso con su pareja.Como mis lágrimas también eran muy convincentes, la desconfianza del muchacho se fue convirtiendo en compasión. Al final, intervino en mi defensa, reprendió a Maximiliano y se fue. Las demás personas de la fila de enfrente también dejaron de observar el espectáculo.

  • Una Buena Acogida   Capítulo 4

    —Ay... ah...Nerviosa, apreté la mano de Maximiliano entre las piernas. El corazón me latía descontrolado.—¿Tan rápido estás tan mojada?Maximiliano me miró sorprendido. Desvié la mirada sin atreverme a mirarlo a los ojos. Aunque Yazmín y yo éramos gemelas idénticas, hacerme pasar por ella para tener sexo con su esposo era demasiado excitante.—Mi amor, ¿tomaste un afrodisíaco sin decirme?La diferencia entre el cuerpo de ella y el mío avivó el interés de Max, quien hundió más los dedos. Separé las piernas, pero me contraje enseguida. Excitado, movió los dedos con fuerza varias veces. La fricción de esos dos dedos ásperos me hizo temblar.Apreté su mano entre las piernas y me desplomé en el asiento sin apartar la mirada de los espectadores frente a nosotros.Oleadas de placer me recorrían. Me clavé los dientes en el labio para contener el gemido que estaba por escapárseme. Era una sensación deliciosa.Quedé deliciosamente entumecida y me atreví a decir lo que llevaba tanto tiempo dese

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