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Una Buena Acogida
Una Buena Acogida
Autor: Violeta Díaz

Capítulo 1

Autor: Violeta Díaz
—Uf... Ah... Mi amor, no me aprietes tanto.

Era una función de medianoche en el cine. Estaba sentada en la última fila; al ver a los protagonistas casi desnudos haciéndolo en la pantalla gigante, sentí que el deseo me desbordaba. De haber sabido que la película era tan atrevida, no habría venido.

Estaba excitada e inquieta, pero no podía hacer nada en un lugar público. Entonces escuché una voz femenina y coqueta delante de mí. Me asusté, aunque me dio bastante curiosidad.

¿Había alguien haciéndolo a escondidas?

¿Cómo podían ser tan descarados?

Dirigí la mirada hacia la voz y vi a una pareja abrazada una fila más adelante, hacia un lado. Ambos me resultaban extrañamente conocidos de espaldas, pero no me detuve a pensarlo.

La mujer estaba casi pegada al pecho del hombre; él la rodeaba con un brazo por los hombros y le metía la otra mano por el escote para manosearla.

La mujer se retorcía de placer mientras él la manoseaba. No pude evitar apretar las piernas, presa de una emoción abrasadora.

¿Por qué tenía que tocarme ver a una pareja teniendo sexo en público en el cine?

Nadie sabía lo hipersensible que era mi cuerpo ni el deseo sexual tan intenso que tenía. Cuando caminaba por la calle, bastaba con que algún hombre me mirara un poco de más para que me pusiera bien caliente. Con que me emocionaran un poquito, me humedecía.

Todos mis novios me insultaban llamándome calenturienta y depravada. Sus insultos me hacían sentir muy mal.

Al principio, me decían encantados: “Nena, estás bien mojadita. ¡Qué suerte tengo!” Al final no daban abasto con mis exigencias y se ponían furiosos a insultarme.

Por eso consulté a muchos médicos. Varios se aprovecharon de mí, pero ninguno logró curarme.

Por eso me volví muy retraída. No me atrevía a tener novio ni a salir de día por miedo a perder el control.

En casa, en cambio, mi hermana Yazmín y mi cuñado Maximiliano no dejaban de hacerlo porque él tenía un deseo sexual insaciable.

Más de una vez deseé que Maximiliano fuera mi novio. Todos los días, al esconderme en mi cuarto para desahogarme con un juguetito, recordaba el miembro grueso y enorme de Maximiliano. Mientras fantaseaba, la mujer de adelante inclinó la cabeza hacia el regazo del hombre.

Me sorprendió y se me aceleró la respiración. Me levanté un poco del asiento y asomé la cabeza para mirar.

Fue entonces cuando vi a la mujer bajarle la cremallera del pantalón y sacarle el enorme miembro.

¡Era enorme!

Era casi del mismo tamaño que el de Max. El corazón me latía a mil por hora; me moría de vergüenza, pero era incapaz de apartar la mirada. Entonces, la mujer volvió a inclinarse.

Su cabello lo cubrió todo. Decepcionada, apreté aún más las piernas.

Él parecía disfrutarlo mucho. Apoyó un brazo en el respaldo del asiento y, con la otra mano, le sujetó el cabello para levantarle la cabeza y empujársela otra vez hacia abajo.

En ese instante pude ver con claridad toda la escena erótica, pero la sorpresa me cortó la respiración.

¡Se veía igual que yo!

¡¿Qué estaba haciendo Yazmín ahí?!

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Último capítulo

  • Una Buena Acogida   Capítulo 9

    Yazmín seguía a mi lado grabándolo todo. ¡Quería usar ese video para extorsionarme! Cuando parecía que iban a violarme, se escucharon fuertes golpes en la puerta.—¡Abran! ¡Paguen lo que deben!Los dos palidecieron.—¿Cómo dieron con este lugar los cobradores? ¿Les diste la dirección? —Maximiliano se olvidó de mí, se levantó y le exigió una explicación a Yazmín.—Claro que no —negó ella.Ambos se miraron, comprendieron algo y voltearon hacia mí al mismo tiempo.—¡¿Fuiste tú?! —gritó Yazmín.La miré con burla.Conociendo su forma de ser, ¿cómo no iba a tomar precauciones? En cuanto la droga comenzó a hacer efecto, noté que algo estaba mal y envié un mensaje de auxilio. Pero tampoco esperaba que aquellos cobradores falsos llegaran en el momento preciso.Por supuesto, jamás contactaría a los cobradores de verdad. Después de todo, esa era mi casa y no quería que en el futuro me estuvieran acosando a mí.—¡Rápido, trae su celular! ¡Pagaremos con su dinero! —ordenó Maximiliano, desesperado.

  • Una Buena Acogida   Capítulo 8

    Yazmín jamás imaginó que me negaría y me miró incrédula.—¿Estás bromeando? ¡Con lo calenturienta que eres, no vas a aguantar!Me puse seria.—Si te sigue sin importar que seamos hermanas, ¡le contaré todo a Maximiliano! ¡Ya veremos si te deja para complacerme! Soy más compatible con él tanto en el amor como en el sexo y ahora también tengo más dinero que tú. Puedo ayudarlo más que tú tanto en su carrera como con sus deseos.Mis palabras tan directas hicieron que mi hermana temblara de odio. Me apuntó a la cara con el dedo y tardó un buen rato en murmurar entre dientes.—¡Muy bien! ¡Qué digna eres! ¡Ya veremos qué haces cuando vuelvas a ponerte cachonda!Dicho eso, salió furiosa, aunque no se atrevió a tocar la puerta de la recámara contigua. Intuí que no dejaría las cosas así.Desde pequeñas, siempre había conseguido lo que quería o hecho lo que se proponía, sin importarle qué método tuviera que usar.Al día siguiente, mis sospechas comenzaron a confirmarse. Pero nunca imaginé que ser

  • Una Buena Acogida   Capítulo 7

    —¡Ah! ¡Me duele! Mi amor, ya no puedo. ¿Podemos parar?Apenas encendí mi juguete, escuché a Yazmín suplicar que se detuviera. Mientras lo usaba para aliviar mi necesidad, agucé el oído. Aquello era muy excitante y aumentaba mi placer.En la habitación contigua, Maximiliano trató de convencerla con paciencia. Tras insistirle un poco, vio que ella seguía negándose a continuar y se enfureció.—No puedes ayudarme con mi negocio y todavía pones pretextos para cumplir con tus deberes de esposa. ¿Cómo puedes ser tan inútil? ¡Quítate! Voy a buscar otra mujer o terminaré reventando de tanto contenerme.Lo escuché con indignación. Aunque Yazmín y yo no nos llevábamos bien en ese momento, tampoco soportaba que Maximiliano la tratara así. Al igual que yo, ella tenía un departamento que nuestros padres le dieron antes de que se casara y que era suyo.Sin embargo, cuando el negocio de Maximiliano fracasó, ella ignoró las advertencias de nuestros padres, vendió el departamento para cubrir las pérdida

  • Una Buena Acogida   Capítulo 6

    Aquella intensa experiencia con Maximiliano logró calmarme durante dos días, a pesar de mi fuerte deseo sexual.Me alegré.Por lo visto, antes nunca quedaba satisfecha y por eso tenía ganas a todas horas. Ahora que había quedado bien satisfecha, ya no estaba tan desesperada por hacerlo.Al principio me molestaba que a Maximiliano le faltara hombría, así que no pensaba volver a hacerme pasar por Yazmín para acostarme con él.Pero este descubrimiento hizo que la idea me volviera a tentar. No andar con la urgencia todo el tiempo era una maravilla; en esos dos días hasta me atreví a salir de la casa a plena luz del día para tomar aire. Aunque muchos hombres clavaran sus miradas ardientes en mi cuerpo, solo sentía satisfacción, pero ya no ardía con la urgencia de tener sexo a cada rato.Si pudiera estar así todos los días, ¿no podría ser una persona normal y salir a buscar trabajo? Por desgracia, esa tranquilidad solo duró dos días. Al tercer día, volvió a vencerme el deseo de hacerme pasar

  • Una Buena Acogida   Capítulo 5

    —Perdón, perdí el control. No me di cuenta de que había tantas personas.Lo interrumpí y, con los ojos y las mejillas enrojecidos, volteé hacia el muchacho mientras las lágrimas me corrían sin parar.—No puedo evitar enojarme. Estábamos viendo la película y en eso miré que contestó a escondidas un mensaje de su ex. Cuando lo descubrí, me abrazó para calmarme. ¿¡Cómo puede hacerme algo así!?Forcejeé para apartar a Maximiliano. Él se asustó tanto que se apresuró a sujetarme, temeroso de que el muchacho descubriera lo que ocurría debajo de mi falda.—¡Deja de hacer escándalo! —dijo entre dientes.Apenas podía contener el deseo y también estaba aterrado. Me inmovilizó entre sus brazos y parecía un novio furioso con su pareja.Como mis lágrimas también eran muy convincentes, la desconfianza del muchacho se fue convirtiendo en compasión. Al final, intervino en mi defensa, reprendió a Maximiliano y se fue. Las demás personas de la fila de enfrente también dejaron de observar el espectáculo.

  • Una Buena Acogida   Capítulo 4

    —Ay... ah...Nerviosa, apreté la mano de Maximiliano entre las piernas. El corazón me latía descontrolado.—¿Tan rápido estás tan mojada?Maximiliano me miró sorprendido. Desvié la mirada sin atreverme a mirarlo a los ojos. Aunque Yazmín y yo éramos gemelas idénticas, hacerme pasar por ella para tener sexo con su esposo era demasiado excitante.—Mi amor, ¿tomaste un afrodisíaco sin decirme?La diferencia entre el cuerpo de ella y el mío avivó el interés de Max, quien hundió más los dedos. Separé las piernas, pero me contraje enseguida. Excitado, movió los dedos con fuerza varias veces. La fricción de esos dos dedos ásperos me hizo temblar.Apreté su mano entre las piernas y me desplomé en el asiento sin apartar la mirada de los espectadores frente a nosotros.Oleadas de placer me recorrían. Me clavé los dientes en el labio para contener el gemido que estaba por escapárseme. Era una sensación deliciosa.Quedé deliciosamente entumecida y me atreví a decir lo que llevaba tanto tiempo dese

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