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Capítulo 3

Autor: Violeta Díaz
Yazmín se acomodó la falda y puso la mano entre las piernas de Max.

—Te lo hago con la mano. Si fuera tan calenturienta como mi hermana y usara un vibrador ocho o diez veces al día, tendrías que preocuparte de que también lo estuviera haciendo con otros hombres.

Sus burlas me hicieron arder de vergüenza y me pusieron nerviosa.

¿Sabían que usaba juguetes a escondidas en mi habitación?

Entonces, aquellas veces que los sorprendí haciéndolo, ¿también se dejaron ver a propósito?

¿Querían burlarse de mí o eso les parecía más excitante?

Me sentí humillada y furiosa. Al mirar aquella cara idéntica a la mía, se me ocurrió una idea.

“Si... si fuera yo en lugar de Yazmín...”

Ya que tuve la idea, no pude controlarme. Volví a desbordarme entre las piernas. Si seguía así, hasta el pantalón estaría mojado cuando saliera del cine.

La vergüenza sería insoportable. Me cubrí la cara con el cabello y fui al baño. Me limpié y puse varios pañuelos de papel sobre el calzón empapado antes de salir.

No esperaba encontrarme con mi hermana cuando abrió la puerta y entró. Tenía las mejillas encendidas y se notaba que acababan de darle duro; hasta tenía el labio partido. Al verme, también se quedó pasmada. Lo que dijo me sorprendió:

—Así que sí eras tú.

Se me paró el corazón.

—¿Cómo que era yo? ¿Tú también viniste al cine?

—Deja de fingir. —Puso los ojos en blanco y recorrió con la mirada mi cara encendida por el deseo—. Cuando entré al cine, me pareció que la persona de la última fila eras tú. Y resulta que no me equivoqué.

Sin darme tiempo a responder, preguntó con una sonrisa burlona:

—¿Te gustó ver cómo lo hacíamos?

El corazón me latía con fuerza y sentí que la cara me ardía. Quise negarlo, pero me interrumpió para proponerme un trato.

—Ya lo viste. Maximiliano no se aguanta y yo no puedo satisfacerlo sola. Si esto sigue así, también me asusta que busque a otra mujer. Así que ayúdame. Hazte pasar por mí y satisfácelo. Tú también vas a disfrutarlo; ese garrote no te decepcionará.

Se me abrieron los ojos. ¡Jamás imaginé que me propondría algo como eso! No pude evitar sentirme tentada.

Yazmín aprovechó el momento para decir:

—Maximiliano sigue caliente. Después de ver ese espectáculo porno en vivo, con lo calenturienta que eres, has de tener muchas ganas, ¿no? ¿No quieres que te dé una buena cogida con ese tremendo garrote?

Al ver que intentaba contenerse, pero aun así no podía ocultar cómo me despreciaba, la miré con odio y dejé de dudar.

—Acepto.

“Tú me diste esta oportunidad. No es mi culpa si me quedo con Maximiliano”.

Mientras nos intercambiábamos la ropa, arrancó los pañuelos de papel que había puesto en mi calzoncito y volvió a burlarse de mí.

Le dije que no podría soltarme con ella presente e hice que se fuera. Regresé a la sala y me acerqué a Maximiliano, emocionada y nerviosa. En cuanto me senté, metió la mano bajo mi falda.

—¿Por qué tardaste tanto? ¿Fuiste a bajarte la hinchazón con agua fría sin mi permiso?

Un segundo después, apartó mi calzón y empezó a tocarme. Con las mejillas encendidas, sentí que la áspera yema de su dedo presionaba mis partes íntimas. No pude contener el deseo; me humedecí y le mojé la mano.

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Último capítulo

  • Una Buena Acogida   Capítulo 9

    Yazmín seguía a mi lado grabándolo todo. ¡Quería usar ese video para extorsionarme! Cuando parecía que iban a violarme, se escucharon fuertes golpes en la puerta.—¡Abran! ¡Paguen lo que deben!Los dos palidecieron.—¿Cómo dieron con este lugar los cobradores? ¿Les diste la dirección? —Maximiliano se olvidó de mí, se levantó y le exigió una explicación a Yazmín.—Claro que no —negó ella.Ambos se miraron, comprendieron algo y voltearon hacia mí al mismo tiempo.—¡¿Fuiste tú?! —gritó Yazmín.La miré con burla.Conociendo su forma de ser, ¿cómo no iba a tomar precauciones? En cuanto la droga comenzó a hacer efecto, noté que algo estaba mal y envié un mensaje de auxilio. Pero tampoco esperaba que aquellos cobradores falsos llegaran en el momento preciso.Por supuesto, jamás contactaría a los cobradores de verdad. Después de todo, esa era mi casa y no quería que en el futuro me estuvieran acosando a mí.—¡Rápido, trae su celular! ¡Pagaremos con su dinero! —ordenó Maximiliano, desesperado.

  • Una Buena Acogida   Capítulo 8

    Yazmín jamás imaginó que me negaría y me miró incrédula.—¿Estás bromeando? ¡Con lo calenturienta que eres, no vas a aguantar!Me puse seria.—Si te sigue sin importar que seamos hermanas, ¡le contaré todo a Maximiliano! ¡Ya veremos si te deja para complacerme! Soy más compatible con él tanto en el amor como en el sexo y ahora también tengo más dinero que tú. Puedo ayudarlo más que tú tanto en su carrera como con sus deseos.Mis palabras tan directas hicieron que mi hermana temblara de odio. Me apuntó a la cara con el dedo y tardó un buen rato en murmurar entre dientes.—¡Muy bien! ¡Qué digna eres! ¡Ya veremos qué haces cuando vuelvas a ponerte cachonda!Dicho eso, salió furiosa, aunque no se atrevió a tocar la puerta de la recámara contigua. Intuí que no dejaría las cosas así.Desde pequeñas, siempre había conseguido lo que quería o hecho lo que se proponía, sin importarle qué método tuviera que usar.Al día siguiente, mis sospechas comenzaron a confirmarse. Pero nunca imaginé que ser

  • Una Buena Acogida   Capítulo 7

    —¡Ah! ¡Me duele! Mi amor, ya no puedo. ¿Podemos parar?Apenas encendí mi juguete, escuché a Yazmín suplicar que se detuviera. Mientras lo usaba para aliviar mi necesidad, agucé el oído. Aquello era muy excitante y aumentaba mi placer.En la habitación contigua, Maximiliano trató de convencerla con paciencia. Tras insistirle un poco, vio que ella seguía negándose a continuar y se enfureció.—No puedes ayudarme con mi negocio y todavía pones pretextos para cumplir con tus deberes de esposa. ¿Cómo puedes ser tan inútil? ¡Quítate! Voy a buscar otra mujer o terminaré reventando de tanto contenerme.Lo escuché con indignación. Aunque Yazmín y yo no nos llevábamos bien en ese momento, tampoco soportaba que Maximiliano la tratara así. Al igual que yo, ella tenía un departamento que nuestros padres le dieron antes de que se casara y que era suyo.Sin embargo, cuando el negocio de Maximiliano fracasó, ella ignoró las advertencias de nuestros padres, vendió el departamento para cubrir las pérdida

  • Una Buena Acogida   Capítulo 6

    Aquella intensa experiencia con Maximiliano logró calmarme durante dos días, a pesar de mi fuerte deseo sexual.Me alegré.Por lo visto, antes nunca quedaba satisfecha y por eso tenía ganas a todas horas. Ahora que había quedado bien satisfecha, ya no estaba tan desesperada por hacerlo.Al principio me molestaba que a Maximiliano le faltara hombría, así que no pensaba volver a hacerme pasar por Yazmín para acostarme con él.Pero este descubrimiento hizo que la idea me volviera a tentar. No andar con la urgencia todo el tiempo era una maravilla; en esos dos días hasta me atreví a salir de la casa a plena luz del día para tomar aire. Aunque muchos hombres clavaran sus miradas ardientes en mi cuerpo, solo sentía satisfacción, pero ya no ardía con la urgencia de tener sexo a cada rato.Si pudiera estar así todos los días, ¿no podría ser una persona normal y salir a buscar trabajo? Por desgracia, esa tranquilidad solo duró dos días. Al tercer día, volvió a vencerme el deseo de hacerme pasar

  • Una Buena Acogida   Capítulo 5

    —Perdón, perdí el control. No me di cuenta de que había tantas personas.Lo interrumpí y, con los ojos y las mejillas enrojecidos, volteé hacia el muchacho mientras las lágrimas me corrían sin parar.—No puedo evitar enojarme. Estábamos viendo la película y en eso miré que contestó a escondidas un mensaje de su ex. Cuando lo descubrí, me abrazó para calmarme. ¿¡Cómo puede hacerme algo así!?Forcejeé para apartar a Maximiliano. Él se asustó tanto que se apresuró a sujetarme, temeroso de que el muchacho descubriera lo que ocurría debajo de mi falda.—¡Deja de hacer escándalo! —dijo entre dientes.Apenas podía contener el deseo y también estaba aterrado. Me inmovilizó entre sus brazos y parecía un novio furioso con su pareja.Como mis lágrimas también eran muy convincentes, la desconfianza del muchacho se fue convirtiendo en compasión. Al final, intervino en mi defensa, reprendió a Maximiliano y se fue. Las demás personas de la fila de enfrente también dejaron de observar el espectáculo.

  • Una Buena Acogida   Capítulo 4

    —Ay... ah...Nerviosa, apreté la mano de Maximiliano entre las piernas. El corazón me latía descontrolado.—¿Tan rápido estás tan mojada?Maximiliano me miró sorprendido. Desvié la mirada sin atreverme a mirarlo a los ojos. Aunque Yazmín y yo éramos gemelas idénticas, hacerme pasar por ella para tener sexo con su esposo era demasiado excitante.—Mi amor, ¿tomaste un afrodisíaco sin decirme?La diferencia entre el cuerpo de ella y el mío avivó el interés de Max, quien hundió más los dedos. Separé las piernas, pero me contraje enseguida. Excitado, movió los dedos con fuerza varias veces. La fricción de esos dos dedos ásperos me hizo temblar.Apreté su mano entre las piernas y me desplomé en el asiento sin apartar la mirada de los espectadores frente a nosotros.Oleadas de placer me recorrían. Me clavé los dientes en el labio para contener el gemido que estaba por escapárseme. Era una sensación deliciosa.Quedé deliciosamente entumecida y me atreví a decir lo que llevaba tanto tiempo dese

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