Vincent se quedó allí unos instantes antes de irse.Esa noche, apareció en el laboratorio sin avisar, con una caja pequeña en la mano. Dentro había una porción de tiramisú.Soy alérgica a la cafeína. Un solo bocado podía hacer que el corazón se me acelerara y que la piel se me llenara de ronchas. Después de todo este tiempo, él todavía no recordaba que el tiramisú era el postre favorito de Cora, no el mío.—Pensé que podrías olvidarte de comer mientras trabajas —dijo, ofreciéndome la caja.Era su manera de hacer las paces. No tenía motivos para rechazarlo.Sonreí.—Gracias.Vincent pareció sorprendido de que no dijera nada más.De camino a casa, preguntó:—Claire, ¿estás enojada conmigo?Yo estaba distraída, pensando en los datos que tenía que entregarle a Tessa. Apenas lo escuché.—Perdón, estaba distraída. ¿Qué dijo?Mi tono debió de sonar demasiado distante, porque frenó y se volvió hacia mí.—¿Sigues molesta por lo del vestido?—¿Qué? —Parpadeé—. No. ¿Por qué piensas
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