—Gaby, hoy tienes que tener mucho cuidado. Siento que algo raro está pasando con tus papás, como que están tramando algo...—Está bien, ya entendí.Gabriela sabía perfectamente que, si hasta Antonella, una chica joven que apenas conocía el mundo, había notado algo raro, entonces sin duda había gato encerrado.Antonella acababa de graduarse de la universidad ese año, y tal vez por no estar tan seguido en casa, nunca había desarrollado esa frialdad calculadora que caracterizaba a los demás miembros de la familia Pérez; al contrario, siempre había sido ingenua y alegre.Gabriela todavía recordaba la primera vez que había llegado a la casa de los Pérez: sus suegros la habían recibido con caras frías, y solo esa muchacha, con las mejillas sonrojadas, se le había acercado a escondidas para regalarle, con timidez, una escultura muy bien hecha.—Gabriela, como era la primera vez que nos veíamos, no sabía qué te gustaría, así que te traje esta obra con la que gané un premio en la escuela. Esper
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