En el pasado, como Carlos se había hecho a sí mismo desde cero, siempre tenía muchísimo trabajo, y Gabriela, para poder cuidar bien de él en su día a día, se había puesto a aprender a cocinar en serio. Se le daba bastante bien.Cuando salió con la pasta con tomate recién hecha, humeante, Santiago ya había salido de su habitación, cambiado con ropa de estar en casa en tonos azul grisáceo.—Pruébala, a ver si te gusta.Gabriela se sentó frente a él. El aroma del tomate mezclado con el queso se esparció por toda la sala, y el estómago de Santiago volvió a rugir con ganas. Aunque no dejó que se le notara nada en la cara, se sentó con un simple "mmh" y probó un bocado con calma.El sabor agridulce del tomate, envuelto en el queso derretido sobre la pasta, resultó sorprendentemente delicioso. Cinco minutos después, el plato entero de pasta había desaparecido por completo.—Doctor Gómez, ¿le gustó?—Sí, estuvo bien.Al verlo limpiarse la boca con toda calma, Gabriela sonrió apenas. Por la vel
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