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Muñequita Navideña
Muñequita Navideña
Autor: Héctor Cerrajas

Capítulo 1

Autor: Héctor Cerrajas
—¿Esta es la muñeca que me regaló mi hija por Navidad? Se parece demasiado a su mejor amiga, la más bonita de la escuela...

El rudo papá de mi mejor amiga me confundió con el regalo de Navidad que ella le había preparado. Se acercó a mí, impaciente, me separó las piernas, listo para adentrarse en lo prohibido...

***

Era Nochebuena y acababa de regresar de mi trabajo de medio tiempo.

Había bebido un poco de alcohol en una comida con mis compañeros y ya no aguantaba las ganas de ir al baño. Al llegar a la casa donde me estaba quedando, entré a toda prisa al baño sin siquiera encender la luz.

Mareada, me levanté la falda, saqué el trasero y me senté donde recordaba que estaba el inodoro.

—¿Por qué siento algo caliente bajo el trasero? Se supone que me senté en el inodoro...

Ese contacto no se sentía normal. Pero no tenía la mente despejada y no lo pensé mucho. Llevé ambas manos a la ropa interior para bajármela. En vez de tocar mi trasero, me encontré con dos muslos gruesos y fuertes.

Se me aclaró la mente de golpe.

¡Había alguien sentado en el inodoro!

¡Y yo estaba encima de él en una postura vergonzosa!

Estaba a punto de gritar cuando una manota me tapó la boca.

—No grites. Soy yo, Patricio... Quédate quieta, sin resistirte. Estoy excitado; déjame terminar y después hablamos...

¡Era Patricio Saavedra, el papá de mi amiga!

Mientras me hablaba, sacó el celular con la otra mano y deslizó el dedo por la pantalla. Del aparato salieron esos sonidos extraños de una pareja. Miré de reojo y distinguí a un hombre mayor y una joven que se entrelazaban al aire libre.

Así que se había escondido en el baño para entretenerse a solas viendo una película. Nunca imaginé que lo encontraría en una situación tan bochornosa e incómoda. Él me pedía que no me moviera y hasta me mostraba ese video. Sí que estaba excitado.

También sentía cómo, desde que me senté, se impulsaba hacia arriba a propósito.

Aunque aún tenía puesta la ropa interior, la tela era muy delgada. Estar sentada así sobre él me daba muchísima vergüenza.

Pero, después de hablar, Patricio empezó a presionar contra mí con movimientos más amplios. Mi novio y yo también habíamos jugado así cuando hacíamos esas cosas de pareja. Al ver que no gritaba, Patricio apartó la mano de mi boca.

—No haga esto... Suélteme. Estoy tomada y me equivoqué de baño... —dije en cuanto pude.

Sus movimientos me tenían aturdida; cuando volví en mí, los sentí con mayor claridad. Además... el alcohol me provocaba un impulso que no podía controlar y me movía sin vergüenza.

Los sonidos del celular y la respiración profunda de Patricio me estimulaban más de lo que podía soportar. Hasta empecé a seguir sus movimientos con una intensidad en aumento.

Cuando sentí que estaba a punto de perder el control, alguien empujó la puerta, que se abrió con un golpe.

—Lía, ¿estás ahí? ¿No me escribiste hace rato que ya habías vuelto? ¿Por qué no encendiste las luces?

Era la voz de Romina Saavedra.

—No puede ser, Romina está aquí.

La mente se me terminó por despejar. Al escucharla, sentí miedo, pánico, y me apresuré a librarme de él. Pero, sin que me diera cuenta, Patricio había metido una mano bajo mi falda y me apretaba con fuerza; con la otra me sujetaba de la cintura.

Si Romina no hubiera vuelto, jamás habría podido soltarme.

Él también se asustó.

Al ver que forcejeaba, deslizó hacia arriba la mano con la que me sujetaba la cintura. Bastó con que me frotara un momento por delante para que me estremeciera.

¡Y aun en ese momento quería meter la mano más adentro!

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