En la voz de Ann Regresar a la oficina después de todo lo que había pasado se sentía como caminar por un campo minado. El aire acondicionado del piso ejecutivo me golpeó el rostro con esa frialdad impersonal de siempre, pero esta vez todo era distinto. Había dejado a Mateo en casa con mi madre, bajo mil recomendaciones y con el corazón en la boca, pero no podía darme el lujo de perder mi empleo. Necesitaba esta rutina, este sueldo y, sobre todo, la ilusión de que aún tenía el control de mi vida. Apenas dejé mi bolso sobre el escritorio, vi a Adela apoyada contra el marco de la puerta de su oficina. No alcanzó a darme tiempo ni de encender la computadora. Caminó hacia mí con pasos rápidos, la mirada cargada de una mezcla entre alivio genuino y una curiosidad voraz que llevaba días conteniéndose. —¡Ann! Por Dios, muchacha, qué susto nos diste —dijo, acercándose para darle un apretón suave a mis brazos—. ¿Cómo está el bebé? ¿Cómo sigue tu niño? —Hola, Adela —suspiré, intentando
Última actualización : 2026-09-11 Leer más