Me pasé la mano por el cuello, sintiendo la necesidad urgente de desenredar esta maraña antes de dar un paso en falso. Tomé el teléfono de mi escritorio y marqué el número de la recepción ejecutiva.—Adela, por favor ven a mi despacho un momento —ordené con la voz más serena que pude impostar.En cuestión de segundos, Adela cruzó la puerta. Al principio noté la tensión en sus hombros; me miró con aprensión, temiendo que el incidente de la sala social terminara en el despido fulminante de su protegida.—Señor Vance... dígame —dijo, manteniendo las manos cruzadas al frente.—Adela, siéntate —le pedí, haciendo un gesto hacia la silla—. Quiero hablar sobre Ann.La mujer tragó saliva antes de tomar asiento, preparándose para defenderla.—Señor, le juro que Ann es una muchacha intachable. Lo que pasó en la sala social fue una emergencia...—Tranquila, Adela —la interrumpí, suavizando el tono—. No la llamé para sancionarla. Solo quiero entender qué está pasando. ¿Cuál es la situación
Última atualização : 2026-09-04 Ler mais