Mauro no se había apartado de nuestro lado ni un solo segundo. Durante todo el tiempo que duró la cirugía, permaneció allí, firme en la sala de espera, velando por nosotros como un guardián silencioso. En un momento de la madrugada, se alejó unos minutos y regresó trayéndome un té caliente en un vaso de cartón. Se sentó a mi lado y me lo entregó con una mirada llena de comprensión y dulzura, pero los nervios me tenían la garganta tan cerrada que el vaso permaneció en mis manos hasta enfriarse por completo, sin que fuera capaz de darle un solo sorbo.Aquellas dos horas fueron sencillamente eternas. Cada segundo se sentía como una aguja clavándose en mi pecho, mientras mi madre desgranaba las cuentas de su rosario a mi lado y Mauro caminaba a tramos por el pasillo, en silencio, reflejando en su rostro una zozobra casi tan desgarradora como la mía.De pronto, las puertas dobles de la zona quirúrgica se abrieron.Al ver aparecer al médico pediatra, Mauro se adelantó antes que nadie, c
Última actualización : 2026-09-10 Leer más