JULIEEl desayuno de esa mañana fue una prueba de resistencia.A un lado de la mesa, mi abuela, que aún no volvía a su casa y aprovechaba cada comida para vigilar mi matrimonio con lupa. Al otro, Caroline, la espía instalada, que vigilaba lo mismo pero por encargo de los Díaz. Y en medio, Adrien y yo, obligados a actuar de recién casados enamorados ante dos pares de ojos que no se perdían una.—Toma, mi amor. —Adrien me sirvió jugo sin que se lo pidiera y me apartó un mechón de la cara con una ternura tan bien fingida que hasta yo casi me la creo.—Gracias… cariño. —La palabra me salió como una piedra, pero sonreí.Mi abuela suspiró, encantada.—Me alegra tanto verlos así. —Se llevó una mano al pecho—. ¿Sabes, Julie? Ya me puedo ir tranquila a casa. Verte con un hombre que te consiente me quita años de encima.—¿Ya te vas, abuela?—Hoy mismo. Ya cumplí con quedarme para la boda. —Me señaló con el tenedor—. Pero volveré seguido, no te acostumbres a estar sin mí. Y quiero noticias pront
Última actualización : 2026-09-11 Leer más