A la mañana siguiente, Henry estaba sentado solo en su oficina, el horizonte de la ciudad extendiéndose amplio e indiferente detrás de las altas ventanas de cristal.El sol ya estaba alto, brillante e implacable, pero no hacía nada por iluminar la pesadez que se había asentado en la habitación como niebla.Apenas había dormido.Su mente había reproducido el rostro de Diana una y otra vez a lo largo de la noche: la ira ardiendo en sus ojos, el dolor tallado en cada línea de su expresión, la finalización en su voz cuando le dijo que nunca volviera, la forma en que había cerrado de golpe aquella puerta como si sellara algo de forma permanente.Llamaron a la puerta, de forma afilada y profesional.“Pase”, dijo de forma plana, sin molestarse en girarse.Martins entró, sosteniendo un grueso archivo marrón apretado contra el pecho. Su expresión era seria. Más seria de lo habitual, lo cual ya era decir bastante.“Señor”, dijo Martins con cuidado, caminando hacia adelante con pasos medidos y c
Last Updated : 2026-09-16 Read more