Después del baño, me instalan sobre una camilla cubierta con una sábana blanca, en una habitación contigua que no había visto. Otra mujer entra, más joven, morena, cabello recogido en coleta, una bandeja metálica en la mano. Cera caliente, tiras de tela blanca, talco. Trabajan en tándem, la señora Harlow y la asistente, sin una palabra de más, como dos cirujanas alrededor de una paciente anestesiada. La cera caliente se extiende, se enfría, se endurece en elástico. Las tiras de tela se pegan, se arrancan de un tirón. El dolor es breve, fulgurante, repetido decenas y decenas de veces. Mis piernas, mis muslos, mi pubis, mis axilas, mis brazos, mi vientre, la parte baja de mi espalda. Me voltean como un maniquí de costurera, manipulan mis miembros, separan lo que debe ser separado. Lágrimas me suben a los ojos a mi pesar, corren por mis sienes, se pierden en mi cabello mojado. La señora Harlow las seca con un pañuelo de tela, sin una palabra de consuelo.
Last Updated : 2026-09-12 Read more