Ray Solis se había sentado al otro lado de una mesa de interrogatorios más veces de las que podía contar. Conocía todos los trucos que una habitación podía emplear contra un hombre: la iluminación plana, el vaso de agua intacto, el silencio deliberado que se prolongaba hasta empezar a parecer una confesión de culpabilidad.Por eso, cuando la puerta se cerró tras el teniente Dale Harmon y los dos detectives que lo habían llevado allí, Ray apoyó las manos relajadamente sobre la superficie metálica, mantuvo la mirada firme y decidió, antes de que nadie pronunciara una palabra, que no abriría la boca hasta que llegara su abogado.Harmon era un hombre corpulento, de movimientos pausados y unos cincuenta y tantos años, que en otra época había sido el instructor de Ray durante su formación. Dejó una gruesa carpeta sobre la mesa sin dramatismo alguno y le dijo, en un tono que sonaba casi a disculpa, que aquella era la peor parte del trabajo; que él mismo había argumentado en contra de llevarl
Last Updated : 2026-10-16 Read more