Al día siguiente, Abigail asistió a su turno en el hospital con el cuerpo adolorido y la mente sumergida en una marea de pensamientos confusos. La noche anterior permanecía viva en su memoria, un recordatorio constante de la debilidad de su carne ante Lucas Rinaldi. Frente al espejo del vestidor, a la hora de arreglarse antes de iniciar la jornada, tomó el corrector y la base de maquillaje para cubrir con minucioso cuidado las sombras moradas en su cuello, las marcas intensas que su marido le dejó durante aquella entrega salvaje. No iba a permitir que sus compañeras notaran esos rastros de pasión desenfrenada. Se peinó el cabello lacio con pulcritud, acomodó el cuello de su filipina azul para asegurar la cobertura total y caminó hacia los pasillos del nosocomio. La jornada transcurrió entre el flujo constante de enfermos, la toma de presión y la revisión de expedientes. Cerca del mediodía, mientras escribía algunas notas de los pacientes sobre una tabla médica, caminó a paso rápido
Last Updated : 2026-10-24 Read more