MateoLa luz matutina que se filtraba por las rendijas del ventanal del altillo tenía un tono dorado, cálido, casi transparente. Por primera vez en meses, el aire dentro del taller no olía a plástico quemado ni al ozono denso de los servidores al límite. Olía a café recién colado, a madera vieja y a la piel suave de Clara pegada a la mía bajo el abrigo de lana.Estaba tumbado de lado, contemplando la forma en que su respiración pausada hacía subir y bajar sus hombros. Tenía el cabello desordenado sobre la almohada improvisada de trapos limpios, y una expresión de serenidad absoluta en el rostro que me parecía casi un milagro tras la noche en la procesadora de aluminio.Pasé la yema de los dedos por su espalda con una lentitud casi sagrada, sintiendo cómo se estremecía despacio antes de abrir los ojos. Sus pupilas oscuras me buscaron en la penumbra, y una sonrisa perezosa, hermosa y profundamente íntima se dibujó en sus labios.—Si sigues mirándome así, no voy a levantarme a revisar el
Huling Na-update : 2026-10-14 Magbasa pa