El segundo día de servicio provisional terminó mejor que el primero: menos fila, menos improvisación, la misma olla nueva rindiendo lo suficiente para que nadie se fuera con hambre. Los vecinos que habían prestado mesas y sillas empezaban a tratar la rutina como algo propio, y eso, más que cualquier balance, le dijo a Valentina que La Sirena todavía tenía sitio en el pueblo.Con el salón casi vacío y Bahía Serena encendiendo lo poco que tenía de alumbrado, recorrió las mesas con una lista en la mano, repartiendo lo que hacía falta para el día siguiente: quién abría la cámara improvisada, quién iba temprano al mercado, quién se quedaba con el turno largo. Escribió el nombre de Thomas junto a dos tareas seguidas sin preguntarle, como llevaba haciéndolo toda la semana, segura de que él las aceptaría sin discutir, igual que siempre.Afuera, Diego ya había terminado de afianzar el último tramo del soporte exterior del toldo, exactamente donde ella le había marcado esa mañana. Le faltaban p
Last Updated : 2026-09-20 Read more